No es menester del lector saber mi nombre, ni mis apellidos, ni demás datos sin sentido a la Charles Dickens. Diré que soy un estudiante del Tec de Monterrey, y que esta historia le pudo haber pasado a cualquiera (si, a ti también).
La maestra pidió que nos juntáramos en equipo (con lo mucho que me gusta juntarme en equipo…) para formar un debate sobre dos temas. Uno era la ya casi celebrada homosexualidad, y el otro… no recuerdo. Ha de haber sido drogas, o algo de sexo. A las escuelas les encanta hablar de esto cada que tienen oportunidad. La verdad es que no me quejo; gracias a la escuela aprendí la gran variedad de estupefacientes y la manera correcta de aplicarlos, así como que hacer en caso de una cruda tremenda. Pero esa es otra historia.
La siguiente clase llegue como de costumbre, medio adormilado, medio atontado, y mucho jodido por el maldito ensayo que, también como de costumbre, había dejado para hacerlo un día antes de entregarlo. Entró la maestra, tomó lista y calló a algunos esbirros. El grupo acomodó las bancas y se prepararon para el primer debate. El tema, como ya dije antes, era la jotosexualidad. Un equipo y estaría a favor, y el otro, pues no.
-Nosotros estamos en contra de la homosexualidad, porque es algo contranatural porque bla bla bla…- Dijo el representante del equipo en contra. No me acuerdo de lo que dijo en el “bla bla bla”, estaba más ocupado haciendo otras cosas; como ver que Anel estaba cada vez más crecidita, o admirar a una mosca bebé aprendiendo a volar… subiendo y aventándose al vacío desde mi libro de texto.
-Pero la homosexualidad no está mal porque bla bla bla…- Dijo el representante del otro equipo, que luego luego se veía que era pu… perdón, mas bien, transpiraba homosexualidad. Como ya mencione antes, no recuerdo todo lo que dijeron, y no me importa recordarlo. Además, ese no es lo importante de la historia.
Entonces sí… llegó esa replica fatal que tantas consecuencias traería a mi joven (pero no por eso menos experimentada) vida.
-Pues sí, pero… haste… ¡EL SIDA! El sida lo inventaron los jotos cuando… – el representante del otro equipo trató de decir algo, pero de su boca no salió más que un sonido que parecería de algún dialecto extraño inventado por Farinelli- cuando… un gay tuvo relaciones con UN CHANGO-
Silencio general
-Roberto… ¿de dónde sacaste esa información?- Pregunto la maestra
-Del rincón del vago, maestra, pero…-
-¡Hay sha ve! No miss… no se vale- interrumpió Francis (si… yo también me quede como usted, querido lector, la primera vez que oí su nombre)
-Si Roberto, esa no es una fuente válida- Le dijo la maestra a Roberto.
-Espérese maestra… lo saque también de un libro. Se llama “Todo sobre los pecaminosos sodomitas” de Monseñor Norbert River.
-De todos modos Roberto, esa historia que se cuenta no es verdad- Dijo finalmente la maestra. Y esa frase me calló como un balde de agua fría después de un día de reventón.
El sida no venía de las relaciones premaritales de un gay con un chimpancé, como todo mundo creía. Como yo había creído toda mi vida.
Recuerdo muy bien que cuando di mis primeros pasos, mi padre se me acerco y me dijo “Muy bien campeón. Creo que ya eres todo un niño grande. Te voy a decir un secreto que solo los niños grandes conocen… ¿quieres saber de qué se trata?” “Agugu tata” respondí yo. “Muy bien, pues mira… el SIDA proviene de cuando un changuito y un jotito andaban de jugetones ¿ok?. Apréndete eso, te servirá durante toda tu vida.
Años más tarde, en mis tiempos de infancia, recuerdo esos veranos en el rancho de mi abuelo en San Pedro de los Aguados. El llegaba y con inmensa ternura me decía: -¡Haber escuincle!- el escuincle era yo. – ¿Ya te dijo el werko ese de tu apa’? -¿De qué me hablas abuelo?- Pregunte yo. -¡No te hagas pendejo!- Y con un ágil movimiento tiró un tremendo gargajo que entró como bala en el florero de porcelana china de la abuela- Si no te lo ha dicho él, pos te lo digo yo. El SIDA viene porque un pinche joto andaba ahí, duro y que dale, con un changote. ¿Entendistes mocoso?- Y se fue. No cabe duda de que el amor de mi abuelo era incomparable.
Así que ahora venían, así como así, a decirme que lo que yo había creído durante tanto tiempo no era verdad. No pude más con el dolor y la opresión que sentía en mi pecho ante la quemadura grave del desengaño.
Corrí directo hacia los baños del piso en donde me encontraba, envuelto en el velo del desasosiego y ante la mirada incrédula de mis compañeros.Me refugie en el baño para discapacitados, que es más grande, y aparte no he visto un discapacitado en el cuarto piso, así que no les importará.
No me habia sentido tan angustiado desde que el “bully” de mi escuela primaria me dijo, violentamente y sin razón, debido a un comentario que hice en clases que: “Santa Clos no existe”.
Después habrá tiempo de contar también esa historia.
*Dato curioso: Gracias a esta historia, casi me vetan del grupo estudiantil de literatura...

Read More...
Summary only...